por Jaume Balmes
Blog personal Carácter digital
Os cuelgo mi artículo aparecido en la revista Trama & Texturas número 17 (el último) el pasado mayo. Como podréis comprobar está basado en el artículo Control de calidad de libros electrónicos (para editores de todas las tallas) que escribí el pasado enero y que dio bastantes vueltas por el ciberespacio. Los editores y responsables de la revista me hacen llegar algunos comentarios recibidos, y en general se puede decir que ha tenido bastante impacto y ha generado polémica. No escondo críticas bastante directas a ciertas prácticas del sector, y me consta que algunos (iba a decir «profesionales», pero no sería la palabra más adecuada) se han sentido identificados e incluso molestos (aunque hay alguna errata expresamente para despistar un poco). Pero es lo que hay. Disfruten, si quieren, la lectura en abierto. Y si quieren disfrutar más, suscríbanse en el sitio web de la editorial, que es muy barata, y sale más que rentable (y no, no me llevo ni un duro ni de las antiguas ni de las futuras pesetas).
Gato por liebre
Cómo hemos perdido dos años en la edición digital.
Pues parece que sí, que algo estamos haciendo mal los editores. En los últimos meses multitud de sitios web personales se han llenando de quejas. Se quejan por varios motivos: porque no pueden abrir el libro que han comprado en su aparato (que compró por mucho dinero con la promesa de usarlo para leer); también porque sí puede abrirlo pero está lleno de errores tipográficos; e incluso porque directamente al libro le falta un trozo. ¿Cómo hemos llegado a este punto? ¿Cómo hemos sido capaces de depreciar tanto nuestro trabajo?
Podemos hablar de culpables, de interesados, de nombres,
de apellidos e incluso de razones sociales, pero esto no nos ayudará en
absoluto. Tenemos que decidir si lo que queremos es vender libros de
calidad para que se valore nuestro trabajo como editores, o si, en
cambio, queremos devaluar tanto nuestro producto que se ponga en duda
nuestra tarea y finalmente se considere innecesaria.
Un editor que edita en papel y en digital nunca debería
tratar uno de los formatos o soportes como subproducto del otro, pero
actualmente la realidad es muy distinta. La clave está en el análisis de
los controles de calidad a los que son sometidos uno u otro tipo de
libros. No son los mismos ni se hacen de la misma forma, pero no deben
descuidarse en ningún caso. Vamos a recordar y analizar paso por paso
estos controles y la influencia que ejercen en la calidad técnica del
libro final.
LOS CONTROLES DE CALIDAD DE LOS LIBROS ELECTRÓNICOS
PRIMER CONTROL: Epubcheck o equivalente
Es el control más sencillo y básico de todos y hay que llevarlo a cabo siempre en primer lugar. Este control consiste en chequear el ebook mediante unos pequeños programas o scripts de ordenador que realizan una serie de comprobaciones estructurales y de coherencia interna del archivo. Estas comprobaciones garantizan el cumplimiento de unos requisitos técnicos básicos según los estándares del formato.
Este pequeño y rapidísimo control, aunque parezca
mentira, no lo pasan un número importante de libros que actualmente
están a la venta, a pesar de que muchas plataformas y empresas
distribuidoras de libros electrónicos lo exijan.
SEGUNDO CONTROL: Corrección tipográfica en el ordenador.
Consiste en comprobar que está todo el contenido, que se visualiza correctamente en la pantalla del ordenador y que no tiene errores tipográficos, es decir, que está todo lo que debe estar, donde debe estar y se ve como debe verse.
Este control, por absurdo y elemental que parezca, no lo
pasan la mayoría de empresas editoras en la actualidad. En muchas
ocasiones no lo miran en pantalla, o si lo hacen, no corrigen con
suficiente profundidad.
Este es el punto clave donde un editor bien informado y
uno mal informado (para ser suaves) diferencian su camino. Muchos
editores están mal asesorados (abundan en demasía los asesores que no
tienen ni idea del libro electrónico y se permiten el lujo de aconsejar e
incluso de dar charlas en grandes eventos editoriales con información
errónea y falsa), poco informados, o simplemente que no les importa lo
más mínimo el libro en cuestión. En ocasiones confunden los errores de
diseño de la maqueta digital con limitaciones del formato, y cuando ven
los problemas en la pantalla del ordenador los dejan pasar sin más (y
probablemente repitiéndose para sus adentros lo malos y feos que son los
ebooks y cómo pueden considerarse libros tales engendros). La
realidad, en cambio, es muy distinta ya que una buena maqueta digital,
con el texto compuesto por un profesional de la tipografía, tiene
poquísimas limitaciones.
En este punto recuerdo
irremediablemente el enorme chasco que me llevé al comprar en ebook la
edición en castellano de mi novela favorita (no diré nombres, he dicho
antes), editada por un muy grande grupo editorial español y escrita
originalmente en inglés por un británico nacido en la India. A cada dos
párrafos había, como mínimo, dos palabras pegadas. No era un libro
barato (aunque no quiero entrar en el debate sobre el precio de los
libros electrónicos), la venta se hacía a través de un sistema de
protección anticopia que me dificultó enormemente el ponerlo en mi
dispositivo de lectura electrónico (tuve que aplicarle un par de
medicinas), y aun sabiendo de antemano que tendría estas limitaciones
pagué por él (todo el mundo tiene novelas favoritas, ¿no?). Al encontrar
tal cantidad de errores me pareció que el editor (ese muy grande, pero
que mucho) me había engañado. Este editor, que sí pasó el primer control
(porque la plataforma de venta le obligó), ni miró lo que ponía a la
venta y antes de llegar a este segundo control de calidad se cansó, se
aburrió o vete tú a saber.
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